
En un post anterior se discutió lo relativo a la conducta a seguir ante nódulos mamarios sólidos (1), en esta oportunidad se tratará sobre nódulos mamarios quísticos. Los quistes son estructuras recubiertas de tejido, de forma sacular o nodular, los cuales se pueden originar en cualquier parte del organismo, usualmente conteniendo algún tipo de fluido, aire, pus u otro material (2). Por lo general son benignos, pudiendo presentarse en una o ambas glándulas mamarias en mujeres con edades comprendidas, en su mayoría, entre los 35 y 50 años. Esta entidad está incluida dentro de lo que se denomina condición fibroquística estimándose que aproximadamente el 50% de las mujeres padecen de esta condición, siendo el dolor mamario y la presencia de nodularidad en mama, los motivos de consulta más frecuentes (3).
Al igual que en las lesiones nodulares sólidas, es necesario la evaluación por un médico especialista, quien en la consulta luego de hacer el interrogatorio pertinente, realizará un examen físico con énfasis en ambas glándulas mamarias, ambas axilas y de las regiones por encima y debajo de las clavículas.
Una vez realizado esto, siempre es conveniente complementar el examen físico, con estudios de imagen que nos permitan confirmar la posibilidad de que se trata de esta patología (1). La mamografía, si bien es el estudio de pesquisa principal para cáncer de mama, no permite distinguir una lesión sólida de una quística, razón por la cual el ultrasonido mamario es el estudio de elección para su evaluación y en sus imágenes se evaluarán las características físicas que caracterizan a esta lesión y nos ayuda a diferenciarla de otras que pudieran tener síntomas parecidos.
Una vez confirmado por el examen físico y estudios de imagen que estamos en presencia de una lesión quística se nos presenta 3 tipos de conducta a seguir.
La primera, usualmente la más recomendada debido a que tiene el aval de estudios realizados por el Colegio Americano de Radiólogos (CAR), es la evaluación anual, debido a que se trata de una lesión benigna, clasificada como BIRADS 2, no asociada a cáncer (4).
La segunda conducta, considerándose aquí otros aspectos como son los deseos de la paciente, la presencia de dolor o que la lesión tenga ciertas dimensiones, implica la realización de una punción, aspiración, con aguja fina (PAAF), bien sea asistida por ultrasonido para el caso de las lesiones no palpables o no asistida en caso que la lesión sea palpable. En este procedimiento, se introduce una aguja muy delgada en la lesión con el fín de aspirarla para así drenar el fluido contenido. Si el líquido obtenido no es sanguinolento y el nódulo desaparece, no amerita otra conducta, descartándose el fluido obtenido. Si lo que se obtiene de la aspiración es de contenido hemático, amerita ser estudiado por anatomía patológica (5).
La tercera conducta considera el tratamiento quirúrgico con el fín de extirpar la lesión. Este tratamiento usualmente es considerado para aquellas lesiones quísticas a las que luego de varias punciones con fines de drenaje recurren (5).
El tratamiento no farmacológico no ha demostrado ser efectivo para estas lesiones (3).
En conclusión la presencia de cualquier nódulo mamario bien sea sólido o quístico amerita ser evaluada por un médico especializado en el área de la mastología, con el fín de establecer la conducta más apropiada a seguir.


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