
La curiosidad en la medicina es un fenómeno interesante, esa pregunta que en algún momento surge «que pasaria si…» ha salvado muchas vidas. Albert Salomon (1), es un ejemplo de esto que estoy señalando, cirujano alemán, trabajaba en la Clínica Real de la Universidad Quirúrgica de Berlin, en la segunda década del siglo XX y no se le ocurrió otra cosa que aplicar a piezas quirúrgicas de mastectomía obtenidas de la morgue, un descubrimiento relativamente reciente para la epoca como lo eran los Rayos X. Lo hizo en 3000 especímenes, a los que posteriormente disecaba, en un intento para tratar de identificar que ocurría dentro de la mamas de las pacientes con cáncer. De esta manera logró asociar, dentro de otros hallazgos, a las microcalcificaciones con el cáncer de mama.
Lamentablemente Salomon no pudo utilizar esta técnica en la práctica, debido a que el no trabajaba con pacientes con cáncer de mama y era, por otro lado, muy dificil detectar cáncer porque la calidad de la imagen era muy pobre. En aquel momento, todavía no se habia descubierto los efectos de la compresión. Pero este «que pasaría si…» dió origen posteriormente a lo que hoy es la mamografía.

