
La mastitis de la lactancia es la inflamación de uno o varios lóbulos mamarios por lo general asociada a infección, suele ser unilateral, apareciendo el 95 % de los casos en las primeras 12 semanas de iniciada la lactancia.
El origen de la mastitis está en el denominado síndrome de posición inadecuada al lactar, en donde existe una insuficiente extracción de leche con el consecuente aumento de volumen de la mama, seguida de obstrucción en los ductos mamarios, convirtiéndose así en un caldo de cultivo a las bacterias de la superficie de la piel y de la boca del bebé que ingresan en los conductos mamarios a través de una grieta en la piel del pezón. Entre los gérmenes comúnmente aislados en estos casos, el 75% está representado por el estafilococo áureo (1). La principal forma de prevención radica entonces en realizar una técnica adecuada al momento de la lactancia, asegurándose que exista un vaciado completo de ambas mamas y cuidados de la piel de la mama destinados a mantenerla limpia y lubricada, para prevenir la aparición de grietas y lesiones.
El tratamiento requiere reposo, analgésicos, extracción de la leche y la administración de antibioticos. La asociación del vaciado de la mama a los antibióticos reduce el tiempo de duración de la mastitis y permite continuar la lactancia en casi todos los casos.
Entre un 3-11%, por tratamiento inadecuado o tardío, se desarrolla un absceso, el cual amerita como tratamiento drenaje. Este se puede realizar mediante la realización de punción guiada por utrasonido o en los casos de abscesos profundos mediante una incisión en el mismo, realizándose cultivo y antibiograma a su contenido. Tras el cultivo, antibioticoterapia específica (2).


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