
El objetivo del mes de octubre al cual se le ha denominado mes rosa desde el inicio de este movimiento, creado con el fín de crear conciencia sobre el cáncer de mama, ha sido el de promover a la mamografía como el arma más efectiva en la lucha contra este cáncer (1).
Un examen físico, realizado de forma apropiada, también forma parte de este arsenal diagnóstico y aunque a veces pudiera ser menospreciado por pacientes e incluso hasta por algunos especialistas, ejerce de forma similar un rol importante.
Anécdotas sobre lesiones encontradas en un examen físico rutinario tengo muchas, en este momento recuerdo el de una paciente a quien previamente traté quirúrgicamente de un cáncer de recto. Esta señora de cincuenta y tantos años, de contextura gruesa y que había decidido desde muy joven mantenerse soltera y sin hijos, acudía de forma religiosa a sus controles periódicos. Tenía ya más de cinco años cumpliendo regularmente sus evaluaciones, cuando un día acude a la cita pautada sin referir nada nuevo que pudiera haber sucedido posterior a nuestra última evaluación y con los exámenes que le había solicitado previamente, dentro de estos estaba una mamografía y un ultrasonido mamario.
Cuando realizo el examen físico de rutina, en la glándula mamaria derecha palpo un aumento de consistencia mal delimitado que abarca unos dos centímetros hacia la unión de los cuadrantes superiores próximo a la areola que no estaba durante la evaluación previamente realizada. El resto del examen transcurrió sin eventualidad.
Reviso las imágenes de la mamografía practicada dos semanas previas a la consulta y constato que por tratarse de mamas mamograficamente densas, la posibilidad de observar algún tipo de lesión es difícil. El reporte del radiólogo no es concluyente e indica un ultrasonido mamario complementario y en el informe de este estudio, no evidencian lesiones.
En vista de estos resultados que no me dejan convencido que esto fuese normal y basado en estos nuevos hallazgos del examen físico que no estaban en evaluaciones previas realizadas, decido solicitar un tipo de mamografía especial denominada tomosíntesis y un nuevo ultrasonido mamario esta vez con un mayor énfasis en los cuadrantes superiores de la mama derecha.
La paciente acude a consulta con los estudios solicitados evidenciando en sus resultados un nódulo con características de sospecha de aproximadamente un centímetro en la mama derecha.
Esto permitió posteriormente realizarle la biopsia a la lesión, cuyo resultado fué compatible con un carcinoma lobulillar infiltrante. Se intervino quirúrgicamente y ya tiene más de diez años en control, llevando una vida completamente normal.
Este relato solo es una muestra de muchas experiencias parecidas, donde un hallazgo sospechoso al examen físico, aún con estudios de imagen que pudieran ser interpretados como normales, permiten un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado.

