
Hace un tiempo llega a mi consulta una paciente joven, no mayor de 30 años, referida por un ginecólogo por presentar un nódulo en la mama derecha que al ultrasonido tenía una apariencia quística compleja.
Al interrogar a la paciente, esta me refiere que dos años previos a la consulta había tenido un hijo al cual administró lactancia materna por aproximadamente un año y que desde hacía 6 meses notaba una pequeña bolita en la mama, que no le impresionaba haber tenido cambios en cuanto a tamaño y no era dolorosa. Ella me confiesa que esto la tenía muy angustiada porque una tía, hermana de su mamá, falleció a los cuarenta y tantos años por un cáncer de mama.
La examino y en efecto constato que en la mama derecha existe un nódulo de aproximadamente dos centímetros, discretamente indurado y no doloroso, localizado adyacente a la areola en el cuadrante superior y externo. No palpo ganglios linfáticos en las axilas y el resto del examen transcurre sin eventualidad.
Posteriormente evalúo el ultrasonido mamario y la mamografía que previamente le había solicitado el especialista en ginecología.
Le explico que características tienen los quistes complejos utilizando una analogía que utilizo frecuentemente cuando trato de describir en que consisten estas lesiones. Para ello le sugiero que imagine a una pecera, donde el cristal que contiene a todos los elementos que coexisten en su interior representa las paredes del quiste, el agua el fluido contenido, el fondo usualmente con pequeñas piedras o arena, el elemento sólido y los peces junto con las burbujas formadas, los detritos que pudieran existir. Esto si bien es una forma muy simplificada y rudimentaria de describir a estas lesiones, sirve para ilustrar en que consisten.
En el artículo escrito previamente sobre quístes complejos (1) señalo las ventajas y desventajas de cada uno de los procedimientos que se pudieran realizar posterior al diagnóstico de este tipo de lesiones y se las comento a la paciente.
Le planteo realizar de entrada una punción, aspiración con aguja fina guiada por ultrasonido debido a que en las lesiones quísticas complejas no existe certeza sobre la naturaleza del contenido del mismo, pudiendo este tener diversas características, por lo que la aspiración de parte del contenido tendría utilidad porque podría orientar sobre su posible causalidad (1).
Le realizo el ultrasonido mamario focalizado en el área donde se encontraba la lesión y procedo a realizar la punción. Observo el trayecto de la aguja en el eco y como penetra la lesión. Comienzo a aspirar lentamente el contenido del quiste, cuando aparece en la inyectadora un líquido de apariencia lechosa, ante estos hallazgos procedo a drenar completamente esta lesión, constatando en el monitor como desaparecía completamente el quiste.
Le muestro a la paciente el contenido de la inyectadora y le explico que lo que tenía era una lesión que se conoce como galactocele, que fué vaciado completamente y que ya no le iba a causar molestias ni angustias.
El galactocele es una afección benigna común que suele suceder en mujeres durante el periodo de lactancia o una vez que esta ha culminado. Se manifiesta como un quiste de retención de leche, que se produce por la obstrucción de un conducto galactoforo (2).
La paciente salió de la consulta feliz y tranquila…


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