
Ocasionalmente, acuden a la consulta pacientes que refieren cambios de coloración en la piel de una de las glándulas mamarias y del complejo areola pezón usualmente asociado a dolor mamario. Esta condición aunque no sucede frecuentemente y es motivo de preocupación y alarma en quien la padece, amerita una evaluación exhaustiva para descartar la presencia de un cáncer de mama como su causa.
Uno de los posibles diagnósticos a considerar es la posibilidad de que se trate de una mastitis periductal.
¿Qué es la mastitis periductal y cómo se desarrolla?
La mastitis periductal es una enfermedad benigna que ocurre en los conductos galactóforos en los cuales hay procesos inflamatorios e infecciosos, sin relación con la lactancia. Su desarrollo se piensa que lo origina una obstrucción en estos conductos, bien sea por un aumento del número de células en el epitelio que recubre su interior o por una transformación a otro tipo de epitelio, ocasionando que suceda una oclusión de estas estructuras, con la consecuente acumulación de fluidos y residuos que a su vez pueden sobreinfectarse. Este proceso tiende a suceder conjuntamente con dilatación de los ductos mamarios. Una posible complicación de esta afección la constituye la formación de abscesos, de frecuente localización peri o subareolar, que en etapas tardías puede dar origen a la aparición de fístulas crónicas (1).
¿Que síntomas presenta la mastitis periductal?
Usualmente la paciente refiere enrojecimiento en la piel de la mama y del complejo areola-pezón asociado a hipertermia local y engrosamiento e irregularidad de la piel con pequeños hoyuelos que asemejan a la piel de una naranja (2). Puede presentarse también asociado a una retracción en la areola o el pezón, de forma similar a como sucede ante un diagnóstico de cáncer. Durante el examen físico, se puede palpar un aumento de consistencia focal en distintas áreas de la mama, así como masas induradas de bordes mal definidos, dolorosas, siendo frecuente su localización periareolar o subareolar.
¿Que opciones de tratamiento existen para tratar la mastitis periductal?
• La primera linea de tratamiento consiste en la administración de antibioticoterapia dirigida a tratar la infección causada por el germen más frecuentemente aislado en pacientes con este cuadro clínico como lo es el Staphylococcus aureus. La duración de esta terapia va a depender de la respuesta clínica obtenida.
• Cuando se presentan clinicamente con formación de abscesos es necesario complementar el tratamiento antibiótico con algún tipo de procedimiento destinado a su drenaje. La punción, aspiración con aguja fina bajo guía ecográfica pudiese ser una alternativa para los que tienen una localización en profundidad distante de la piel, reservándose el drenaje abierto para cuando existe compromiso de la piel y/o su localización es superficial. Esta conducta va a permitir también realizar un cultivo y antibiograma de la secreción obtenida que hará posible la selección del antibiótico con mayor sensibilidad para tratar el germen causal aislado en dicho cultivo.
• Si este cuadro clínico cursa de forma crónica con fístulas recidivantes es necesario un tratamiento quirúrgico destinado a extirpar el o los ductos afectos.
¿Cual es el diagnóstico diferencial más importante que hay que considerar?
El carcinoma inflamatorio. En este tipo de cáncer de mama las células cancerosas bloquean los vasos linfáticos en la piel de la mama, originando una clínica similar a la de una mastitis. Por esta razón siempre es necesario tener presente esta posibilidad diagnóstica para que en caso de no presentar mejoría con el tratamiento médico indicado no diferir la realización de una biopsia.
¿Existe alguna medida preventiva que podría evitar la mastitis periductal?
La mejor recomendación que se le podría hacer a cualquier mujer que quiera evitar padecer esta entidad es el evitar adquirir hábitos tabáquicos o abandonarlos en caso que los tenga.
La mayoría de las pacientes con mastitis periductal son fumadoras. Se ha postulado que el tabaquismo está asociado con el daño de los conductos subareolares, ocasionando necrosis tisular y posterior infección. Las sustancias tóxicas del humo del tabaco pueden lesionar los conductos directamente o puede haber un efecto hipóxico localizado (3).


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