
En estos días, durante la evaluación de una paciente en controles periódicos por cáncer de mama, recordábamos los difíciles momentos vividos durante el periodo postoperatorio de la cirugía para cáncer de mama.
A dicha paciente se le realizó una mastectomía radical modificada y aproximadamente durante la tercera semana, en uno de los controles, observo en la axila tratada la presencia de unas formaciones que asemejan a unas cuerdas de localización subcutánea, sin cambios significativos en la coloración de la piel asociado a un discreto dolor durante la elevación del brazo.
La paciente había notado todo esto al verse en el espejo y me pregunta angustiada si esto es algo normal y a que se debe, así como lo que tendría que hacer para que esto mejore o desaparezca.
Le explico que se trata de un fenómeno intrigante en el mundo de la cirugía oncológica, conocido como el Síndrome de Cordones Axilares (Axillary Web Syndrome -AWS-, por sus siglas en inglés).
¿Qué es el síndrome de los cordones axilares?
Este síndrome, se caracteriza por la formación de bandas fibrosas en la axila de pacientes sometidos a disección de ganglios linfáticos axilares para el cáncer de mama.
¿En quién ocurre con mayor frecuencia?
Por lo general ocurre en pacientes jóvenes y delgadas.
Cuando se revisa la literatura médica (1), se evidencia que el AWS afecta a más de la mitad de los pacientes sometidos a la disección de ganglios linfáticos axilares, con su aparición típica durante la segunda semana postoperatoria.
Sin embargo, basándome en mi experiencia personal de pacientes evaluadas tanto en el hospital como en la práctica privada, es algo que observo ocasionalmente y no con esa frecuencia tan elevada como la descrita.
¿Influye en su aparición el tipo de tratamiento recibido?
El tipo de cirugía realizada influye en su desarrollo, debido a que cirugía menos invasiva, como la biopsia del ganglio centinela, reduce el riesgo de aparición del AWS. En cambio la radioterapia y la quimioterapia aumentan dicho riesgo.
¿Cual es la causa que produce este síndrome?
La patogénesis de este síndrome se atribuye a la esclerosis de venas y linfáticos, interrumpiendo el flujo y desencadenando procesos de trombosis, inflamación y fibrosis.
Para tranquilidad de las personas afectas, este cuadro se caracteriza por ser autolimitado y no progresivo. En la gran mayoría de las pacientes este síndrome desaparece a los tres meses desde su diagnóstico y cuando persiste más allá de este periodo de tiempo, al finalizar el primer año están asintomáticas.
El AWS puede causar morbilidad significativa, lo que subraya la importancia de su manejo.
¿Qué tratamiento ayuda a su mejoría?
La fisioterapia emerge como una herramienta valiosa en la reducción de síntomas y la aceleración de la recuperación, con técnicas que van desde el estiramiento de tejidos restringidos hasta ejercicios específicos para mejorar la movilidad del hombro.
La paciente de este relato fué referida a rehabilitación y mejoró en un periodo de ocho a diez semanas posterior a su diagnóstico. Actualmente asintomática y en controles periódicos.
La colaboración estrecha entre cirujanos, oncólogos y fisioterapeutas se presenta como clave en la prevención y tratamiento efectivo de este síndrome común.
Lo más probable es que esta incidencia disminuya con el paso del tiempo debido a avances en técnicas menos invasivas, como la biopsia del ganglio centinela.
Conclusión:
A medida que continuamos desentrañando los misterios de los cordones axilares, queda claro que la comprensión y el abordaje integral de este síndrome es fundamental para mejorar la calidad de vida de las pacientes y optimizar su recuperación postoperatoria.

