Si en tu último informe de mamografía apareció el término «microcalcificaciones» y no sabes muy bien qué significa, no estás sola. Muchas mujeres reciben esta información sin mucho contexto, lo que puede generar dudas e incluso preocupación. En este post te explicaremos de manera sencilla qué son estas pequeñas partículas, por qué se forman y cuándo es importante prestarles atención.
¿Qué son las microcalcificaciones mamarias?
Imagina tu cuerpo como un libro de historia a veces, deja pequeñas «marcas» que cuentan algo sobre lo que ha pasado en tus tejidos. Las microcalcificaciones son como esas marcas: pequeños depósitos de calcio que aparecen en el tejido mamario y que, en la mayoría de los casos, son completamente inofensivos.
Se ven como puntitos blancos en una mamografía, tan pequeños que no podrías sentirlos al tacto. De hecho, muchas mujeres las tienen sin siquiera saberlo.
¿Por qué se forman?
Las causas pueden ser variadas y, en general, no están relacionadas con algo grave. Algunas razones comunes incluyen:
• Cambios naturales por la edad (el tejido mamario evoluciona con el tiempo).
• Infecciones o inflamaciones previas (tu cuerpo «sella» una zona con calcio, como una pequeña cicatriz interna).
• Quistes o lesiones benignas.
• Radioterapia previa (en mujeres que han superado un cáncer de mama).
Sin embargo, en algunos casos -no todos-, ciertos patrones de microcalcificaciones pueden estar asociados a cambios celulares que requieren más estudio.
¿Cuándo hay que preocuparse?
Aquí viene la parte importante: la mayoría de las microcalcificaciones son benignas, pero los médicos las clasifican según su forma, tamaño y distribución para determinar si necesitan más análisis.
• Patrón benigno: Si están dispersas, redondas y uniformes, suelen ser inofensivas.
• Patrón sospechoso: Si son irregulares, aparecen en grupo o tienen formas extrañas, el médico podría recomendar una biopsia para descartar cambios celulares.
Que te digan que hay microcalcificaciones, no significa que tengas cáncer. Solo un pequeño porcentaje termina siendo algo que requiera tratamiento.
¿Qué sigue si me detectan microcalcificaciones?
Depende del caso, pero el proceso suele ser:
• Mamografía de seguimiento: Para comparar con estudios anteriores.
• Biopsia mínimamente invasiva: Si hay duda, se toma una pequeña muestra.
• Resultados y seguimiento: La mayoría de las veces, solo requerirás controles periódicos.
Conclusión: Información es tranquilidad
Si tu informe menciona microcalcificaciones, respira hondo y evita consultar a «Dr. Google». Cada caso es único, y lo mejor es hablar con tu médico tratante para aclarar dudas. Recuerda: la mamografía es tu aliada, porque detectar a tiempo cualquier cambio ¡siempre es una ventaja!
¿Tienes más preguntas? ¡Déjalas en los comentarios y con gusto las respondemos!
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Si has superado un cáncer de mama y ahora experimentas dolor mamario (mastalgia), es normal que te preocupe. Muchas pacientes temen que este dolor sea un indicio de que el cáncer ha regresado o de un nuevo tumor. Pero, ¿qué dice la ciencia al respecto?
Un estudio reciente (1), que analizó a casi 1.800 pacientes durante 20 años, reveló datos clave que pueden tranquilizarte:
🔹 El 36% de las pacientes tratadas por cáncer de mama reportaron dolor postratamiento. 🔹 De las que sintieron mastalgia, solo 19 fueron diagnosticadas con recurrencia o un nuevo cáncer. 🔹 En la mayoría de esos casos, el dolor apareció después del segundo diagnóstico, no antes. 🔹 Lo más llamativo: la recurrencia fue más común en pacientes que NO tenían dolor (10.1% vs. 0.3%).
¿Qué significa esto? El dolor en el seno después del tratamiento no está asociado a un mayor riesgo de recurrencia. En lugar de pedir estudios adicionales por este síntoma, los médicos recomiendan educación y tranquilidad para las pacientes.
Si estás pasando por esto, recuerda: la mastalgia es frecuente y, en la gran mayoría de los casos, no es señal de alarma. Siempre consulta con tu médico, pero no dejes que el miedo gane.
¿Has experimentado dolor después del tratamiento? ¡Comparte tu experiencia en los comentarios!
Continuando con nuestra sección de preguntas frecuentes que ocurren habitualmente en la consulta, en el presente post se tratará sobre una secuela que sucede en las pacientes sometidas a este tratamiento quirúrgico.
¿Qué es la Piel Dormida Post-Mastectomía?
La mastectomía, un procedimiento quirúrgico para extirpar tejido mamario, deja tras de sí no solo cambios físicos evidentes sino también sensaciones alteradas en la piel circundante. Entre estas alteraciones sensoriales, la piel dormida o entumecida representa una de las secuelas más comunes y menos discutidas. Este fenómeno, caracterizado por la disminución o ausencia de sensibilidad en áreas específicas, afecta significativamente la calidad de vida de muchas pacientes durante su proceso de recuperación. La pérdida sensorial puede extenderse desde la zona de la cicatriz hasta las áreas circundantes, incluyendo la axila y parte del brazo, creando una experiencia desconcertante para quienes la experimentan por primera vez.
¿Que origina la Piel Dormida Post-Mastectomía?
La sensación de entumecimiento o piel dormida después de una mastectomía tiene una clara explicación neurológica. Durante el procedimiento quirúrgico, inevitablemente se seccionan pequeños nervios sensoriales que transmiten sensaciones desde la piel hasta el cerebro. Las fibras nerviosas que anteriormente transmitían sensaciones desde la mama y el pezón permanecen en la zona de la herida tras la cirugía, pero sin sus terminaciones originales. Esta interrupción en la continuidad nerviosa provoca que dichos nervios envíen información anómala al cerebro o, en muchos casos, no transmitan ninguna señal sensorial.
El entumecimiento resulta particularmente notable en procedimientos como la mastectomía total, donde se extirpa toda la mama, la piel y el pezón, afectando redes nerviosas más extensas. Esta alteración sensorial puede manifestarse de distintas formas: algunas pacientes experimentan entumecimiento completo, mientras otras describen sensaciones parciales, hormigueo intermitente o incluso percepciones fantasma. Esta variabilidad depende de factores como la técnica quirúrgica empleada, la extensión de la cirugía y las características individuales de la paciente.
¿Es posible una recuperación completa de esta sensibilidad alterada?
La piel dormida post-mastectomía no sigue un patrón único de recuperación. Para muchas pacientes, la sensibilidad comienza a retornar gradualmente durante los primeros meses tras la cirugía, a medida que algunos nervios se regeneran y establecen nuevas conexiones. No obstante, este proceso de regeneración nerviosa es notablemente lento y puede extenderse durante períodos prolongados. Estudios clínicos sugieren que la recuperación sensorial puede continuar hasta 18 meses después de la intervención, coincidiendo con el tiempo que toma la evolución completa de la cicatriz.
Es importante destacar que, en algunos casos, ciertas áreas pueden permanecer permanentemente entumecidas. Particularmente en intervenciones donde se han extirpado ganglios linfáticos axilares, como en la mastectomía radical modificada, la recuperación sensorial completa puede resultar imposible debido al daño extenso en las vías nerviosas. Las pacientes deben comprender que esta pérdida sensorial parcial permanente constituye un resultado esperable en determinados tipos de procedimientos, y no una complicación quirúrgica.
En ciertos casos la cirugía no es la primera opción en el tratamiento del cáncer de mama
El diagnóstico de cáncer de mama es un momento difícil y lleno de incertidumbre donde muchas personas asumen que la cirugía será el primer paso en su tratamiento. Sin embargo, no siempre es así.
Su médico tratante podría no recomendar la cirugía como primera opción y esto puede deberse a varias razones médicas, como las que a continuación se mencionan:
Etapa del cáncer:
En algunos casos el cáncer de mama puede estar en una etapa avanzada, debido a que la extensión local es importante -a esto también se le conoce como localmente avanzado-. En este estadio de la enfermedad los tumores mamarios adquieren un gran tamaño o presentan una importante afectación ganglionar regional. Otra forma de presentación del cáncer de mama avanzado es cuando se ha diseminado a otras partes del cuerpo. En estas situaciones, la cirugía podría no ser la opción más efectiva para controlar la enfermedad y se podrían considerar tratamientos como la quimioterapia o la terapia hormonal antes de cualquier cirugía.Tipo de cáncer:
Tipo de cáncer:
Algunos tipos, como los tumores hormonodependientes o los que expresan la proteína HER2, pueden responder mejor a tratamientos específicos antes de la cirugía.
Por ejemplo, la terapia hormonal o los medicamentos dirigidos pueden ser más efectivos para controlar el cáncer inicialmente, lo que permite posponer la cirugía hasta que el tumor esté mejor controlado.
Tamaño del tumor:
En algunos casos, las dimensiones con las que se diagnóstica esta enfermedad pueden hacer que la cirugía no sea la opción más efectiva inicialmente. Si el tumor es demasiado grande en relación al tamaño de la mama, el cirujano podría sugerir primero reducir su tamaño mediante tratamientos como quimioterapia o radioterapia. Esto podría facilitar la realización de una cirugía conservadora de la mama en una etapa posterior.
La decisión de no realizar una cirugía como primera opción no significa que el tratamiento sea menos efectivo. Por el contrario, puede ser una estrategia cuidadosamente planificada para maximizar los resultados y minimizar los riesgos.
Si te enfrentas a un diagnóstico de cáncer de mama, recuerda que cada situación es única. Pregunta a tu médico sobre las razones detrás de sus recomendaciones y asegúrate de entender todas las alternativas antes de tomar una decisión.
Una solicitud que en ciertas ocasiones realizan las pacientes con diagnóstico de cáncer de mama cuando se les indica el tratamiento quirúrgico apropiado para su estadio clínico, sobre todo cuando este implica la realización de una mastectomía total al seno afecto, es el de la extirpación de la mama contralateral -la cual se encuentra sin enfermedad- durante ese acto quirúrgico.
Estas pacientes por lo general tienen un cáncer de mama de tipo esporádico, el cual se presenta en personas que no tienen una variante genética hereditaria que confiere aumento del riesgo de ese cáncer.
Históricamente la mayoría de las pacientes que se someten a este tipo de cirugía lo hacen para tener cierto grado de «paz mental» tratando de esta manera calmar la ansiedad y el miedo al cáncer o a su reaparición ante la percepción del riesgo.
La mastectomía contralateral es cierto que reduce el riesgo de un cáncer en el otro seno -el que se encuentra sin enfermedad-, pero para la mayoría de las pacientes ese riesgo es bastante pequeño y además de esto no cambia el riesgo de recurrencia asociado con el cáncer primario de la mama afecta (1).
Una interrogante válida que se podría realizar en relación a este tratamiento tendría que ver con la capacidad de reducir la mortalidad por cáncer.
Para responder a esta pregunta se llevó a cabo un estudio de publicación reciente (2), con información obtenida utilizando la base de datos del Surveillance, Epidemiology, and End Results (SEER). Programa del Instituto Nacional del Cáncer en el que se usa los datos recopilados por los registros de cáncer para notificar el número de diagnósticos nuevos y muertes por cáncer en las distintas áreas geográficas de los Estados Unidos.
En dicho análisis se incluyó a 661.270 mujeres con cáncer de mama unilateral, donde se comparó el riesgo acumulado de mortalidad por cáncer de mama a 20 años para las mujeres tratadas con tumorectomía frente a mastectomía unilateral vs. mastectomía bilateral.
Los resultados de este estudio revelan que las mujeres con cáncer de mama tratadas con mastectomía bilateral presentaban un riesgo muy reducido de cáncer de mama contralateral; sin embargo, experimentaron tasas de mortalidad similares a las pacientes tratadas con tumorectomía o mastectomía unilateral.
Estos hallazgos indican que la mastectomía contralateral para el cáncer de mama unilateral es un medio eficaz de prevención del cáncer pero no reduce el riesgo de morir por cáncer de mama.
Así que ante la solicitud de estas pacientes se deben individualizar las recomendaciones en función de los factores genéticos, los antecedentes personales y familiares de cáncer de mama, al tiempo que se escuchan y respetan las motivaciones y los deseos de la paciente.
El cáncer de mama en el que existen receptores para estrógenos y progesterona es el subtipo más común. Esto ha sido tratado de forma sencilla y entendible previamente en este blog (1) (2).
En términos generales la terapia endocrina se utiliza en este subtipo de cáncer de mama, siendo una de las más frecuentemente utilizada la dirigida a la inhibición de las enzimas aromatasas.
Sin animos de hacer esta explicación muy complicada, la función de estas enzimas aromatasas es convertir la testosterona y precursores de esta a estrógenos.
Este tratamiento forma parte integral del manejo del cáncer de mama cuando se administra de forma complementaria después del tratamiento primario así como para el manejo de las lesiones mamarias en las que hay metastásis. Este se indica para prevenir la recurrencia y controlar la progresión de la enfermedad, respectivamente (3).
En la actualidad, existen tres tipos de inhibidores de aromatasas (IA) en la práctica habitual. El anastrozol y el letrozol – siendo estos no esteroideos- que inhiben competitivamente la aromatasa, mientras que el exemestano, que es esteroideo se une irreversiblemente a la aromatasa y la inhibe.
Aunque en general se considera que este tipo de terapia endocrina tiene un perfil de efectos secundarios bien tolerados, se ha reconocido que los fármacos inhibidores de aromatasas causan síntomas musculoesqueléticos que producen una disminución la calidad de vida y que conlleva finalmente al abandono de esta terapia.
Los síntomas musculoesqueléticos descritos incluyen dolores articulares o artralgias, dolores musculares o mialgias, rigidez articular y alteraciones en los tendones o tendinopatías.
A este conjunto de síntomas musculoesqueléticos se le conoce como síndrome musculoesquelético asociado a los inhibidores de aromatasas (3).
Estudios diseñados con el fín de evaluar la prevalencia de esta sintomatología, cuantifican que ocurre hasta en tres de cada cuatro pacientes recibiendo este tratamiento, donde varía el grado de severidad con el que podría suceder.
Cuando se explora los factores de riesgo que podrían ocasionar esta constelación de síntomas musculoesqueléticos los resultados son inconsistentes. No obstante, la obesidad pareciera jugar un rol importante en su aparición.
Desde un punto de vista práctico, estos efectos adversos musculoesqueléticos asociados a los IA pueden clasificarse principalmente en dos grupos principales: 1) pérdida ósea inducida por IA y 2) artralgias inducidas por IA.
Como se sabe los estrógenos desempeñan un papel en la modulación de la masa ósea y este tipo de tratamiento produce un estado hipoestrogénico que se asocia a un aumento de las probabilidades de desarrollar fracturas óseas.
En lo que respecta a las artralgias inducidas por IA, aunque no existe una definición una revisión propuso una definición que en la que las pacientes cumplan todos los criterios mayores y al menos tres criterios menores de los que a continuación se mencionan.
Criterios Mayores:
– Actualmente recibiendo terapia con IA – Dolor articular que ha aparecido o empeorado desde el inicio del tratamiento con IA – El dolor articular mejora o desaparece a las 2 semanas de interrumpir el tratamiento con IA – El dolor articular reaparece al reanudar el tratamiento con IA
Criterios menores:
– Dolores articulares simétricos – Dolor en manos y/o muñecas – Síndrome del túnel carpiano – Disminución de la fuerza de prensión – Rigidez matutina – Mejora de las molestias articulares con el uso o el ejercicio
El mecanismo exacto por el cual se producen estos dolores articulares, realmente no se conoce, pero se postula que debido a que la aromatasa se expresa en las células de los cartilagos de las articulaciones, el estrógeno producido aquí influye en la formación de células que producen cartílago, ejerciendo de esta manera un efecto al que podría denominarsele condro-protector.
La disminución de los niveles de estrógenos, producto de esta terapia provocaría un aumento de la producción de agentes proinflamatorios en las células productoras de cartílago, lo que provocaría la aparición de dolor e inflamación articular.
¿En que consiste el tratamiento cuando ocurre este síndrome musculoesquelético asociado a los inhibidores de aromatasas?
El principal tratamiento para esta afección va dirigido al manejo del dolor; mantener esta molestia en un nivel tolerable o inexistente es primordial. Para esto son utilizados fármacos como los antiinflamatorios no esteroideos y el paracetamol debido a que permiten controlar el dolor a corto plazo. Los opiáceos no deben ser administrados en el tratamiento del dolor.
Otra estrategía clínica que podría ser utilizada consiste en alternar agentes de IA de la misma clase. Por ejemplo si está recibiendo anastrozol cambiar el tratamiento a letrozol.
En todas las pacientes que inician un tratamiento con IA se recomienda cambios en el estilo de vida, como una dieta rica en calcio, hacer ejercicio, limitación del consumo de alcohol y abandono del hábito de fumar.
Así mismo estas mujeres deben someterse a un seguimiento riesgo de fractura y monitorizar la densidad ósea cada 1-2 años. Factores de riesgo para fracturas deben identificarse y si están presentes se recomienda el uso de un agente que disminuya la pérdida ósea como los bifosfonatos.
Se recomienda también la suplementación con vitamina D debido a que las pacientes recibiendo tratamiento con IA presentan deficiencias. Además como se sabe la vitamina D es esencial para la absorción de calcio y la mineralización ósea.
Otra recomendación frecuente es la suplementación con ácidos grasos omega-3 ya que han demostrado su eficacia en disminuir el dolor articular sobre todo cuando la paciente presenta obesidad.
Conclusión:
Como se señaló anteriormente, son muchas las maneras de tratar los síntomas ocasionados por este tratamiento y por ningún motivo debería ser abandonado. Recuerde siempre que esta terapia previene la recurrencia.
Hace un tiempo atrás acudió a la consulta una paciente de cuarenta y tantos años, que tenía como motivo de consulta prurito o picazón en la piel de los senos. Este síntoma apareció una semana previa a la consulta y en vista que no mejoraba con algunas medidas tomadas por la paciente era causa de preocupación y angustia.
Muchas pacientes se preguntan, si este prurito en las mamas podría ser un indicio de cáncer de mama, lo que provoca una preocupación comprensible y el deseo de obtener más información sobre el tema.
Afortunadamente, y esto podría ser considerado como una buena noticia, la mayoría de las causas que provocan esta clínica por lo general son benignas siendo las causas malignas muy poco frecuentes.
Diversas afecciones cutáneas, como el eccema o la psoriasis, pueden causar picazón e irritación en los senos. Estas pueden requerir tratamiento con cremas o pomadas tópicas para aliviar los síntomas.
Una reacción alérgica a determinados tejidos, detergentes o productos de higiene personal puede también provocar estos síntomas. Por esta razón es importante tratar de identificar que es lo que podría estar ocasionando este cuadro clínico para así evitar este alérgeno lo que podría ayudar a resolver el problema.
Las infecciones tanto las producidas por hongos como las ocasionadas por algunas bacterias son causas que también deben ser consideradas cuando estamos en presencia de esta afección. Estas infecciones suelen requerir tratamiento médico, como cremas antimicóticas o antibióticos.
Cuando se consideran las causas malignas, la enfermedad de Paget, es quizás una de las más emblemáticas. Los síntomas de esta enfermedad tienden por lo general a tener un curso prolongado antes de su diagnóstico y están caracterizados por la aparición de prurito -por lo general focalizado en el complejo areola y pezón- asociado a un enrojecimiento en la piel del pezón que progresivamente produce descamación y costras, evolucionando a erosión y ulceración con exudación. El tratamiento suele incluir cirugía, radioterapia y, posiblemente, otras terapias en función de la extensión de la enfermedad.
En el caso de la paciente que acudió a la consulta luego de interrogarla y examinarla, se estableció que la causa de esta afección era probablemente alérgica ocasionada por un tipo de tela utilizado en un sostén que había adquirido recientemente. Al dejar de utilizar esta prenda y posterior a un breve tratamiento con antialérgicos presentó una mejoría significativa, encontrándose actualmente asintomática.
Aunque, como ya se mencionó previamente, las causas malignas de esta sintomatología son poco frecuentes, es esencial consultar a un especialista si se experimenta un prurito persistente, sobre todo si va acompañado de otros síntomas o cambios en el aspecto de las mamas.
Recuerde que la detección precoz y el tratamiento rápido pueden mejorar significativamente los resultados de las personas diagnosticadas de cáncer de mama.
En un artículo previo de este blog, se hizo referencia a como la actividad física conduce a una mejoría en la calidad de vida así como a una disminución de los efectos secundarios relacionados con la enfermedad y su tratamiento, en las pacientes tratadas por cáncer de mama (1).
El Colegio Americano de Medicina Deportiva en el año 2010, en un panel de discusión donde revisaron 54 estudios aleatorizados destinados a la revisión del impacto de la actividad física en pacientes con diagnóstico de cáncer de mama, demostró que el entrenamiento físico es seguro y produce un incremento de la resistencia aeróbica y fortaleza física (2).
Basado en evidencia como la mencionada previamente sabemos entonces que el ejercicio influye en la calidad de vida. Sin embargo, quedaron preguntas sin responder como cual es el tipo óptimo de ejercicio que estas mujeres deberían practicar. ¿Son mejores los ejercicios aeróbicos en relación a otros tipos como los de resistencia o el yoga?
Para dar respuesta a esta interrogante se llevó a cabo un estudio, cuyos resultados fueron publicados recientemente (3), en los que se revisaron 45 trabajos, siendo evaluados un poco más de 4000 pacientes en relación al tipo de actividad física realizada (ejercicio aeróbico, ejercicio de resistencia, ejercicio mente-cuerpo, ejercicio combinado y yoga).
Los resultados de este análisis identifican al ejercicio aeróbico como la forma más eficaz de rehabilitación física para mejorar la calidad de vida de las pacientes con cáncer de mama, seguido de los ejercicios combinados y de resistencia.
No obstante, es importante mencionar que las pacientes deben elegir el tipo de ejercicio adecuado según sus condiciones.
Así que ya sabe a caminar se ha dicho…eso sí siempre dentro sus posibilidades y recuerde no es «arrancada de caballo y parada de burro», lo importante es la constancia. Es recomendable iniciar haciendo poco y progresivamente ir incrementando las distancias pero de una forma constante.