
Es bien sabido, que el riesgo de desarrollar cáncer de mama se incrementa con la edad y la mayoría de los diagnósticos de cáncer de mama se realizan en mujeres mayores de 50 años. Aproximadamente el 25% de los casos se desarrollan en mujeres menores de 50 años, y el 20% de estos en mujeres mayores de 75 años (1).
Se ha observado que la historia natural de esta enfermedad y su evolución varía en función de la edad.
Cuando este diagnóstico se realiza en mujeres jóvenes, estos tumores tienden a ser biológicamente más agresivos y podrían tener una mayor probabilidad de estar causados por un síndrome de cáncer de mama hereditario subyacente. Por lo tanto, tanto las terapias locorregionales como las sistémicas tienden a ser más agresivas en las mujeres más jóvenes (1).
Por el contrario, cuando el diagnóstico de cáncer de mama se lleva a cabo en mujeres de edad avanzada estos tumores son biológicamente más indolentes, estando estos asociados a una mayor prevalencia de enfermedades comórbidas en esta población. Por lo tanto, la terapia tiende a ser menos agresiva para las mujeres mayores (1).
En cuanto al pronóstico y sobrevida se refiere, esta repercusión de la edad de la paciente en el momento del diagnóstico no está del todo clara.
Se han llevado a cabo estudios en cuyos resultados han reportado que el diagnóstico de cáncer de mama en mujeres jóvenes puede influir negativamente en la supervivencia a pesar del subtipo y del tratamiento administrado convencionalmente (2), y en las mujeres mayores a pesar de una biología tumoral que podría considerarse menos agresiva, esta no produce un impacto de manera favorable en una mejor sobrevida, lo que podría ser atribuido a una pesquisa y/o tratamiento subóptimos, más que a la biología del tumor en si (1).
Un trabajo reciente, utilizando datos obtenidos en más de 130.000 pacientes, concluye que las mujeres jóvenes tienen peor sobrevida cuando se les compara con grupos de mayor edad, independientemente del estadio en el momento de la presentación inicial y las mujeres con una edad de 60 años representan un factor significativo de un mal pronóstico (3).
Aunque los estudios anteriores indican que tanto la edad avanzada como la más temprana en el momento del diagnóstico del cáncer de mama confieren un peor pronóstico, existen otros ensayos que no apoyan esta conclusión (4).
Cuando a las pacientes se les discrimina de acuerdo a la edad y al subtipo molecular, como sucede en uno de los últimos trabajos, realizado en Canada -con datos obtenidos en más de 24000 pacientes– y de reciente publicación (5), tanto la edad temprana como la avanzada en el momento del diagnóstico del cáncer de mama son factores de riesgo independientes de mal pronóstico, especialmente entre las pacientes de mayor riesgo con cáncer de mama de tipo luminal B, HER2 positivo o triple negativo.
En conclusión, la edad en el momento del diagnóstico del cáncer de mama pareciera que si influye en el pronóstico y la sobrevida de las pacientes. Por lo general, las mujeres más jóvenes tienden a tener una forma más agresiva de cáncer de mama y su pronóstico puede ser peor en comparación con las mujeres mayores. Sin embargo, las mujeres mayores pueden tener otros problemas de salud asociados que pueden complicar su tratamiento y recuperación.
Es importante tener en cuenta que la situación de cada persona es única y que factores como el estadio del cáncer, las características del tumor y el estado general de salud también pueden influir en el pronóstico. La detección precoz y el tratamiento adecuado son cruciales para mejorar el pronóstico de las pacientes con cáncer de mama, independientemente de su edad.









